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Este nuevo formato se confirmaría un año después en la que fue la
consolidación absoluta del VIÑA ROCK como pulso de la escena musical
nacional. Fue una edición en la que Reincidentes y Los Planetas regresarían
para liderar los dos escenarios del festival, Hamlet y Mägo de Oz se
confirmaro n como la realidad que ahora son, y el festival dio su primer
paso hacia propuestas de fuera de la península descubriendo a todos el
poder de los argentinos A.N.I.M.A.L. Parecía que se había tocado techo,
pero el tiempo nos desvelaría que aún se podía llegar mucho más lejos.
2000-2001:
BATIENDO RECORDS
El 2000 era un año señalado por el motivo de sobra conocido y porque el
VIÑA ROCK cumplía su quinto aniversario. Por ese motivo la organización
lanzó un órdago, precisamente cuando por doquier aparecían otras
propuestas que, a imagen de la del VIÑA, querían reivindicar para sí el
protagonismo en lo que a acontecimientos musicales en nuestro país se
refiere. No obstante el festival siguió en su línea y, en lugar de
buscar a estrellas de renombre internacional volvió a apostar por la música
cantada en el idioma de Cervantes pero planteando, eso sí, la programación
a imagen de los mayores eventos musicales que se realizan fuera de
nuestras fronteras. De ese modo, a los ya conocidos escenarios Matarile
(principal) y Tipo (otras músicas), se unieron dos nuevos dedicados
exclusivamente a las dos propuestas musicales nacidas en la segunda mitad
del siglo XX: el Hip Hop y el Metal, esta última en el escenario de La
Oreja Metálica.
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Así el VIÑA ROCK 2000 volvió a ser el referente. Estuvieron los más
grandes (Platero y Tú, Rosendo, Barón Rojo, Sólo Los Solo, etc.), hubo
actuaciones míticas como el regreso de Ángeles del Infierno en una fecha
única en nuestro país, y se volvieron a descubrir a las nuevas
formaciones que triunfarían en el panorama nacional como Estopa,
O'Funk'illo o La Mala Rodríguez. El resultado es conocido por todos. Mientras el resto pinchaba o no
convencía VIÑA ROCK volvía a ser el que más público reunía -30.000
personas- y demostraba que el rock, ajeno a las modas, no sólo seguía
vivo, sino que era el acontecimiento que más jóvenes
movía en nuestro país.
Por eso, el reto de superar esa marca se antojaba casi imposible y el
objetivo se concentraba en el hecho que siempre había movido al festival:
satisfacer las expectativas del público rockero estatal. Así se configuró
el que quizás fuese el cartel más completo de la historia del Viña. Su
acogida por parte del público fue la mejor hasta la fecha y el festival
alcanzó una mayor repercusión en los medios (a pesar de que en este país
se sigue utilizando un doble rasero a la hora de tratar la realidad
musical y mucho más si se trata de rock). A ello se le sumó el hecho de
que de nuevo se batió el record de asistencia, con más de 37.000
espectadores que hicieron de nuevo al Viña Rock el festival más grande
del año. Ahora el festival sigue adelante, manteniendo sus principios e
intentando responder a su público. El nuevo resultado lo veremos el próximo
mes de abril.
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